Aquello que escribimos va conformando, sin que nos lo propongamos, un mapa de lo que somos.
De nuestros miedos, de nuestras fortalezas, de nuestras dudas y de nuestros dolores.
De lo mejor y lo peor que llevamos dentro.
En cada carta, en cada cuento, en cada poema… estamos.
Basta con detenerse a mirar ese mapa, ese camino de palabras que nos describe y nos desnuda, para conocernos.