Hoy quiero, valga la redundancia, proponerles a los candidatos que propongan.

Pero en serio.

Me harté de escuchar promesas huecas, frases rimbombantes y agresiones cruzadas. De que me apabullen con discursos que son cáscaras vacías y expresiones que suenan más a eslogan publicitario que a otra cosa.

Necesito conocer sus planes de gobierno, sus programas. Que digan lo que piensan hacer y de qué manera lo llevarían a cabo.

Me cansé de que especulen. De que hablen cuando sus acciones están en baja y se guarden cuando las encuestas los favorecen. El silencio es un escudo muy cobarde.

Preciso que expliquen con claridad y sin eufemismos cuáles son sus posturas y qué medidas plantean con relación a los temas que nos preocupan a los argentinos: la inseguridad, la inflación, la salud, la educación, el narcotráfico, la pobreza…

Les pido que en esta ocasión tengan buen gusto, y se abstengan de desfilar por los ciclos de tevé populares compitiendo por superar en gracia o ridículo a su adversario. No me interesa quién cuenta los mejores chistes o baila con mayor soltura. Me da igual cuán bonitas salgan sus esposas en las revistas de actualidad. No van a definir mi elección sus rostros recién levantados, sus líos domésticos o sus mascotas.

Lo que los ciudadanos les requerimos es algo distinto.

Sin embargo, sabemos que el vértigo y la insensatez de la campaña en su recta final nos expone a presenciar todo tipo de estupideces.

Compórtense con seriedad, responsabilidad y compromiso.

Sean valientes. No se excluyan de los debates por pura conveniencia. Somos capaces de advertir esas burdas maniobras. Y nos asiste el derecho a verlos debatir.

No nos subestimen. Al cabo de treinta y dos años, mucho hemos tropezado y mucho hemos aprendido.

Espero que ustedes, como clase dirigente, también.

Pónganse, por una vez y ojalá de aquí en adelante, a la altura de una sociedad que exige no solo una democracia, sino una democracia de calidad.

A un mes de las elecciones nadie tiene el triunfo asegurado. Todo puede suceder.

En este tiempo, quizá deberían guiarse más por su intuición y menos por los consejos de los asesores que han de vivir zumbándoles al oído. Los que (dicho sea de paso) tantísimas veces los llevan a meter la pata.

Un voto es, antes que nada, un acto de confianza. Sepan ganarse con honestidad y sin trampas cada uno de los que los acompañe.