Escribir, como vivir, requiere estar atento a la necesidad del momento.
A veces hay que dejarlo fluir, correr, no detenerlo…
Y a veces hay que parar, corregir, reencauzar; actuar con lentitud, disciplina y prudencia.

En ambos casos, al escribir y al vivir, debemos oír nuestro ritmo interior: la música que nos suena por dentro y -más allá de la conciencia- nos va mostrando el camino.